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Éxodo

Lecciones de un mes sin RR. SS. (Parte 2)


Somos la última generación que será capaz de desconectarse por un momento — un mes, una semana, un día por lo menos. A lo mejor en el futuro estas palabras sean consideradas peligrosas, una amenaza para el sistema, palabras incendiarias. No tendremos la libertad de desconectarnos, pues sería inaceptable dejar de introducir los miles de millones de datos por segundo hacia la nube. Estos son medidos y utilizados (vendidos, en realidad) por empresas nacionales e internacionales que están a la caza, camuflados tras Google Ads, de su próximo comprador.


Humor negro, Shakira y Piqué, asesinatos transmitidos en vivo, todo vale con el fin de generar mayores ingresos, más clicks significan más dólares (¿bitcoins?). Lo triste es que siempre me quedará la duda de lo pasaba por la mente de aquel personaje que grababa la paliza que un hombre le daba a su mujer, en lugar de impedirlo. Me pregunto si podrá dormir por las noches.


“Las redes sociales fueron diseñadas por los mismos ingenieros de la conducta humana que crearon las máquinas tragamonedas de Las Vegas.” — Juan Soto Ivars

¡Otra vez con lo mismo! Si. La debacle del sistema, la caída en picada de la raza humana hacia el olvido. Realmente me preocupa el tema y me urge ponerlo en palabras. Converso con gente acerca de la posibilidad de que dentro de algunos siglos, cuando ya no estemos, quedarán nuestros huesos fosilizados como indicio de que alguna vez existió una raza de mono desnudo, con mínimos rasgos de inteligencia, que se encargó de aniquilar por completo su habitat natural — a pesar de tenerlo todo. Ni siquiera tendremos la excusa de que un meteorito arrasó con nuestra especie — lo habremos hecho nosotros.



Exodo frio II | Agustín Pontesta Icuza

El tiempo libre te permite pensar. Pensar te permite soñar. Soñar te permite seguir hacia adelante. A lo mejor eso es justamente lo que no quieren, según veo con lo que sucede en el universo digital. No quieren que pienses, quieren que obedezcas — o incluso peor, quieren que creas que estas pensando por tu cuenta y tomando esas decisiones. No podría yo imaginar estas ideas absurdas si no me hubiese desconectado ese tiempo del sistema. Desconectarse es como subirse a un balcón en medio de una fiesta y observar a todo el resto como baila, interactúa, corteja, se emborracha. Te conviertes en un espectador de la realidad — mejor dicho, la no realidad. Puedes hacerlo, solo debes tomar la decisión.


Desconéctate un mes, borra las aplicaciones y desactiva las notificaciones de tu aparato. Pon un libro en el velador de tu cama. Cuando despiertes, en lugar de mirar la luz de la pantalla, asegúrate de mirar por la ventana y que te llegue luz natural a los ojos, tu cerebro te lo agradecerá una vez adquirido el hábito. Después de algunos días las ideas son claras, los pensamientos fluyen como el fino sonido de un concierto para violin bien ejecutado. La ansiedad por saber lo que sucede a cada instante empieza a desvanecerse. Aprecias las plantas, los pájaros — los que aún sobreviven, por supuesto —, los atardeceres, incluso ese silencioso momento en el que te das cuenta del milagro que eres. Un ser humano completo, formado a partir de la unión de dos células.


Un milagro, sin duda.


Lamentablemente, al vencer el plazo de tu desintoxicación, el mundo digital te absorbe nuevamente. Sin darte cuenta estas otra vez pendiente de las notificaciones, pensando en el siguiente post ingenioso que permita incrementar el trafico a tu perfil narcisista. Y así, mientras reviso mi celular por enésima vez en esta nublada mañana en medio de los Andes ecuatorianos, les pido hacer un requiem por esa vida que pasamos y no nos dimos cuenta. Los paseos en bici hasta el anochecer con los amigos de la cuadra, los partidos de futbol improvisados con una botella de plástico, las fogatas con los abuelos,

¿Quién nos perdonará por no haber hecho eternos esos momentos?


ED

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1 Comment


Guest
Feb 06, 2023

Los fulbolitos en tu casa ñaño. Memoria enterna. Que buenas epocas

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