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Adiós Cielo Azul

Una jaiba roja asomó sus ojos a través de la arena. Apenas salió, hizo una pausa y me miró desconfiada, sin mover un solo músculo. Estábamos ambos igual de perplejos. Ni yo la esperaba a ella, ni ella esperaba verme ahí sentado. De repente, vi que todo el suelo se empezó a mover. Al fijar bien la vista, pude ver una gran variedad de jaibas pequeñas, medianas y grandes, desplazándose por toda la playa.

Hacía mucho tiempo que no veía tantas jaibas – pensé.



Mientras observaba detenidamente esta escena, sentado en una playa casi desierta al sur de la costa ecuatoriana, pensé en lo extraños que somos algunas veces los seres humanos. Demasiadas veces he escuchado personas que se quejan de sus vacaciones porque el cielo estuvo nublado y gris todos los días. Se quejan del clima, se quejan del presidente, se quejan de sus familias, se quejan de su trabajo, se quejan de la delincuencia. Pocas veces he visto cosas buenas surgir de la queja.


Y ahí, amigos míos, yace una combinación más letal que el napalm — aquella mezcla de ácido nafténico y ácido palmítico que fue usada durante la guerra de Vietnam, dando resultados aterradores, apocalípticos, demoníacos. En fin, cuando una persona quejumbrosa se enfrenta a una situación tormentosa. ¡Pum! Esta mezcla explosiva solo trae consigo problemas y más problemas.


Me digo a mi mismo — Si esta gente se ahoga en un vaso de agua, ¡Imagínate lo que le sucede durante una tormenta!


Luego, enfoqué la vista hacia el mar. Ahí estaba ella, con los hombros hundidos dentro del agua, buscando refugio de aquel sol tenue de invierno, que aunque no sofoca, igual se hace sentir. Ella, mi persona vitamina. La Pao es la persona que pinta mis días aún cuando el cielo es gris. Mujer valiente, guerrera, trabajadora y sobre todas las cosas, dueña de una habilidad particular de ver lo bueno, siempre, en todo. Ella es mi ojo dentro del huracán que algunas veces puede ser la vida. Y créanme cuando les digo que las últimas semanas han sido tormentosas, sin duda alguna.


Una palabra. Un abrazo. Una sonrisa. Un desayuno. Cualquier detalle viniendo de ella, me ayuda a poner las piezas en su lugar cuando algo se rompe adentro del alma. Cuando siento que no voy a poder más y estoy cayendo hacia el abismo a una velocidad supersónica, es ella quien me recuerda que solo debo abrir las alas. Su dulzura para decir las cosas y su — algunas veces desmesurada — generosidad, me han devuelto la Fe en el ser humano, aunque sea por breves momentos.


Ahora, gracias a ella, he aprendido a apreciar los cielos grises, solo es cuestión de tener una buena actitud. Después de todo, lo importante no es lo que te sucede. No importa si el cielo es gris o azul, si llueve o brilla el sol. Lo único que importa es como enfrentas aquello. Gracias a la Pao ya no tengo problema en decir, adios cielo azul.


ED


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1 Comment


Guest
Aug 21, 2023

Un abrazo a los dos

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* Las opiniones expresadas en este Blog son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de COHAB Ecuador.

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