header blog.png

El Ocaso del Colibrí

La parte oscura de la belleza.

Lo bueno dentro de lo malo y lo malo dentro de lo bueno. De eso se trata el yin yang, un concepto taoísta que representa la dualidad existente en el universo. Este símbolo lo vemos a diario estampado en camisetas, calcomanías y tatuajes alrededor del mundo. Lo bueno dentro de lo malo. A lo mejor no te dan el trabajo al que aplicaste, pero encuentras tu trabajo soñado al mes siguiente. Tal vez pierdes el vuelo de conexión a tu lugar de destino, pero conoces al amor de tu vida en el bar del aeropuerto mientras esperas el siguiente avión. Yo soy fanático de siempre buscar lo bueno dentro de lo malo. Siempre busco rescatar lo positivo, aunque la situación sea complicada.


Ese hábito viene del Jiu Jitsu. Quince años aprendiendo a estar calmado bajo las situaciones más extremas, día tras día, te dan una capacidad superior para asimilar ciertas situaciones de manera estoica. Cosas que a otras personas les parecen terribles, a mi, de cierta manera, me resbalan. Ojo, no significa que no me importen. Todo lo contrario, las veo como problemas que deben ser resueltos, uno por uno, con paciencia y mente tranquila. Cuando aprendes a ver la vida desde esa óptica, todo se vuelve más fácil.





Yo creo en los superpoderes. No tanto en los que te permiten volar por las nubes como un pájaro o lanzar rayos laser con los ojos. Me refiero a otro tipo de superpoderes. Unos más terrenales, como levantarte de la cama, por ejemplo, luego de dos semanas de una profunda depresión. O sonreírle a una persona que ha recibido una mala noticia y decirle que todo saldrá bien, que un mal día no es una mala vida. Ahora bien, en toda historia de superhéroes tenemos un trasfondo que por lo general es —  por no llamarlo de otra manera —  traumático. Superman tuvo que emigrar de su planeta, destruido por su propia especie, para poder llegar a ser lo que es aquí en la Tierra. Batman vio morir a sus padres en un asalto a mano armada. Diablos, incluso la historia de los villanos es terrible, ¿acaso no recuerdan al payaso demente?, The Joker. Un personaje completamente perturbado, victima de un maltrato sistemático por parte de su madre esquizofrénica y una vida inestable pasando por varias casas de acogida.


Este tren de pensamiento me ha puesto a pensar, ¿Qué pasa con lo malo dentro de lo bueno? La muerte de un colibrí, por ejemplo. El colibrí, ese majestuoso pajarito que deslumbra a niños y adultos por igual. No suelo ser de las personas que generalizan, pues la vida me ha enseñado que todos los individuos somos, a la vez, mundos diametralmente diferentes. A pesar de ello, puedo afirmar que no conozco persona que diga que le disgusta un colibrí. A lo mejor existen, no lo sé. Si están leyendo esto, me lo dejan saber por favor. Sin embargo, apegándome al método científico por experiencia de vida, puedo decir que, estadísticamente, a cero personas les disgustan los colibríes. Ni si quiera los perros son tan queridos, en mi opinión. Pequeño pajarito que bate las alas a velocidades asombrosas y cuyos colores simulan obras de arte del más loco de los artistas.


Una vez vi uno de estos seres majestuosos golpearse contra una ventana a toda velocidad. Recuerdo que cayó el pobre animal como una piedra cae al piso, luego de semejante golpe. La habían limpiado hace poco — a la ventana. El objetivo de la limpieza es dar orden al caos ¿verdad? Pero curiosamente esa obsesión por la limpieza terminó con la vida de uno de los animales más hermosos del mundo. Curioso animal, el ser humano ¿no? Nuestra enfermiza condición de creer ser los dueños del universo terminará con nuestra propia especie, no tengo duda alguna. Su cuerpo sin vida reposaba ahí en el piso, sus ojos simulaban agujeros negros, igual de muertos que su pequeño cuerpo de colores azulados, turquesas y un toque de magenta. Recuerdo que me cayeron dos lagrimas por la mejilla. Lo recogí con las manos y mientras caminaba, los rayos del sol que caían sobre su cuerpo, hacían que aquellos colores cambiaran como los hologramas de las tarjetas de colección que teníamos en nuestra infancia. Lo llevé al patio para darle una sepultura digna. Cavé un hueco de aproximadamente veinte centímetros de profundidad y dejé ahí su cuerpo inerte. Lo enterré y recé en silencio.


Recé por nosotros, por los humanos. Recé por sabiduría y bondad, pues estamos en la verja de una tercera guerra mundial. Recé, porque mi miedo más profundo, es que la guerra que debemos librar, es una guerra espiritual.


ED


“Todo arte se caracteriza por un cierto modo de organización alrededor de un vacío.” Jacques Lacan

88 views3 comments

Recent Posts

See All

* Las opiniones expresadas en este Blog son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de COHAB Ecuador.

Gracias por Suscribirte!