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La traición del Olimpo 

 El Olimpo era el hogar de los dioses olímpicos, los principales dioses del panteón griego, presididos por Zeus. El vocablo “olimpo” significa en español: lo más alto entre lo alto. Un lugar de gran importancia religiosa y cultural en la Grecia antigua. Lugar donde los humanos, desde el inicio de los tiempos, han querido llegar. Las ansias de poder, gloria e inmortalidad han sido ingredientes esenciales para las más grandiosas historias de ayer y hoy. 


Hace algunos días vivimos una de estas historias. Quienes tuvimos la suerte de nacer en este hermoso, pequeño y maltratado país llamado Ecuador, vimos a uno de los nuestros entrar al Olimpo de las artes marciales mixtas. Marlon “Chito” Vera entró a pelear por el campeonato mundial del Ultimate Fighting Championship (UFC). Un joven soñador, peleador de raza, que llegó a la gloria gracias a una motivación tan noble, tan humana: ver sonreír a su hija. Una historia conmovedora, de aquellas que inspiran a generaciónes por venir. 



Lamentablemente, más allá de la alegría que todo esto supone, he terminado con un mal sabor de boca por la reacción de la sociedad ecuatoriana. Si, el gran Chito Vera perdió su pelea. Así como en su momento perdieron: Tyson, Ali, MacGregor, Sakuraba, Fedor Emilianenko, y la lista sigue y sigue. Pero yo sostengo que ganar o perder es circunstancial. Es decir, puedes prepararte como nunca antes para un evento y simplemente tu oponente mueve mejor las fichas ese día, se le alinean las estrellas, como dicen popularmente. Incluso pueden haber situaciones injustas como un arbitraje polémico que resulta en una derrota. Entonces, el resultado no siempre es proporcional al mérito. Eso esta claro. La verdad es que el contrincante de Chito fue mejor ese día. Punto. Lo que indigna, es la reacción de su pueblo. Por que sí, después de esta pelea entendí que aún somos un pueblo.

 

El reaccionar de la gente — su propia gente — , tras una demostración de valentía y carácter por parte del ecuatoriano, fue repulsiva. Comentarios sin sentido de personas que no se subirían a una jaula sin que se les aflojen los esfínteres. Personas cómodas, mediocres, y profundamente resentidas que sacan lo peor de sí a través de una pantalla y un teclado pegajoso. Personas como estas nos rodean todos los días. Quizás aquí tenemos una razón por la que nuestro país se cae a pedazos. 


¿La reacción de la gente tras una pelea, puede ser un indicador de lo mal que estamos? Pues sí. La diferencia entre las artes marciales y un deporte más popular como el fútbol, por ejemplo, es abismal. En primer lugar, en un deporte de once contra once, siempre tendrás la oportunidad de culpar al de al lado por cualquier derrota, es normal, es naturaleza humana. En segundo lugar, cuando entras en una jaula, contra un ser humano entrenado y dispuesto a romperte la cara hasta que lo detengan, el juego toma completamente otro giro. Ya no tienes otra persona a quien culpar más que a ti mismo, y eso puede resultar aterrador para algunos. En este sentido, quiero compararnos con una cultura completamente opuesta a la nuestra, la japonesa. 


En Japón, he visto coliseos enteros — coliseos de cien mil personas — aplaudiendo técnicas bien ejecutadas de derribos o sumisiones. Gente educada, sentada en sus respectivos puestos numerados, mirando a dos artistas marciales enfrentarse en la actividad más primal que puede haber entre humanos, una lucha cuerpo a cuerpo. Aquella disociación que separa la parte humana de lo salvaje, digo yo. Ahí los ves, sentados, admirando el combate, aplaudiendo con mesura, como si estuvieran presenciando el Requiem de Mozart. Quizás nos vendría bien aprender una o dos cosas de esa cultura. 


Y eso amigos, es la traición del Olimpo. Cuanto más alto llegues, más dura será la caída. En ese momento solo estará ahí tu familia y un grupo reducido de personas que alcanzas a contar con los dedos de una mano. Solo ellos estarán para recoger los pedazos y armarte nuevamente. Así que Chito, desde el fondo de mi alma, te agradezco por exponer a esos compatriotas mediocres e ingratos. Te felicito y al mismo tiempo me disculpo, en nombre de todas esas almas frías y cobardes. Solo quiero que sepas que no todos somos así.


Eres grande Chito. 


ED


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