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La sabiduría de mamá

Al entrar al departamento, a mano izquierda, hay una canasta blanca de tres pisos y un pequeño banquito (como de duende) donde te sientas para sacarte los zapatos. Luego, los dejas en esa canastita blanca, en donde haya lugar. Solo entonces puedes pasar al resto de la casa.


Así son las reglas en la casa de mamá.



Hace veinte años, más incluso, me preguntaba la razón de ser de esta regla que en ese entonces consideraba un poco exagerada.

 

 — ¿Qué de malo tienen los zapatos? — me decía a regañadientes, mientras me los sacaba sentado en el banquito de duende.


Veinte años después, finalmente entiendo aquella vieja costumbre de mamá. Pero ahora, siendo ya un poco más inteligente — o menos bruto como diría mi abuelo Rodrigo — me doy cuenta de la profunda lección que yacía dentro de ese hábito de sacarse los zapatos a la entrada de la casa.


Ahora entiendo que aquel hábito aplica para todo en la vida. Sobre todo ahora, que vivimos en un mundo convulsionado, muy distinto al mundo de hace veinte años. Un mundo que es capaz de distraernos de lo que de verdad importa. Si bien la comunicación y la tecnología abren muchas puertas, también dan lugar a un montón de mierda que navega libremente por las redes y esa mierda muchas veces se queda pegada en la cabeza de la gente. 


¿Alguna vez pisaste mierda en la calle? Entonces sabes lo difícil que es sacarla cuando se mete entre los orificios de la suela de los zapatos y que puede quedar allí mucho tiempo. 


Nuestra cabeza es igual creo yo. Si entramos con esos zapatos llenos de mierda a nuestra casa, probablemente se quede pegada en el piso de la cocina, en la alfombra de la sala o de los dormitorios. Y luego viene ese característico olor a mierda que te hace mirar de un lado a otro, levantar un zapato y luego el otro para ver de dónde sale ese maldito olor. Entonces, si no has desarrollado el hábito constante de dejar los zapatos afuera, pronto te das cuenta de que hay mierda por todo lado. 


Por eso ahora, entrando a mano derecha al abrir la puerta de nuestro departamento, tenemos una canastita propia donde dejar los zapatos. Ni locos entramos con toda esa mierda que viene de afuera al lugar donde dormimos. 


Solo falta el banquito.


En fin. La sabiduría de mamá. 


ED

 
 
 

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