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Materia Gris

Fue en el siglo XVII cuando los anatomistas empezaron a diseccionar cuerpos humanos.


Al abrir el cráneo, notaron dos tipos de tejido en el cerebro que se diferenciaban por el color. Había un tejido blanco,  los axones recubiertos con mielina , que funcionan como las antenas que emiten las señales nerviosas. Y el otro tejido, compuesto por el cuerpo celular que contiene el núcleo (conocido como soma), tenía un color gris.

 

Dicho de una manera más simple: si el cerebro fuese una ciudad, la materia gris serían los edificios donde la información se concentra y se procesa; y la materia blanca serían las calles que conectan los edificios, permitiendo el flujo de la información.

 

Desde entonces, el ser humano ha usado la frase: materia gris, para referirse a la inteligencia. 


Y con esta introducción, breve pero justa para lo que viene, dedico estas palabras a Josep Guardiola Sala, más conocido como Pep. Hoy, abrí los ojos ante la noticia de que oficialmente se retiraba de su puesto como director técnico del Manchester City. Unos días atrás, su equipo jugó el penúltimo partido de la liga inglesa— clave para tener la posibilidad de seguir en la lucha para ser campeón por séptima vez. Pero no pudo ser, el City cayó derrotado ante el Bournemouth. 


Una lección dura de tragar. 


Nadie gana siempre, ni siquiera los que siempre ganan.


 

Entre paréntesis, soy fanático del Manchester City desde aquel equipo que tenía a Joe Hart en el arco en el 2011. Recuerdo que mis sobrinos — niños aún— hablaban de este equipo del que yo no conocía y que, con el tiempo, aprendí a querer y más cuando llegó Pep.

 

Hoy termina una relación de diez años de éxitos futbolísticos, pero sobre todo, una larga y poderosa lección de lealtad. Y es que de allí proviene mi admiración por ese personaje catalán, calvo, perfeccionista y un verdadero genio. No solo por lo que ha hecho en el ámbito del fútbol. Después de todo, son solo once tipos corriendo detrás de un balón, tratando de meterlo bajo unos postes más veces que los once contrarios. 


Eso es todo. 


Pero al mismo tiempo, es una metáfora de la superación del ser humano y todo lo que puede hacer — o llegar a convertirse — para lograr los objetivos propuestos.


Algo que siempre me cautivó de Guardiola fue su capacidad para liderar grupos — no solo futbolistas. En especial el agradecimiento constante hacia todo el equipo detrás de los jugadores. Me refiero a los fisioterapeutas, los cocineros, los utileros, los choferes, los recepcionistas, absolutamente todo aquel que formaba parte del equipo era igual de importante que cada futbolista individual que brillaba en los partidos.

 

Más allá de su irreprochable capacidad para cambiar la forma de jugar al fútbol—que luego todo el mundo quiso copiar—Pep siempre se cobijó bajo el manto de la lealtad. Un valor que aprendí desde pequeño en casa y que ha perdurado gracias a las artes marciales. Lealtad a su maestro, el gran Johan Cruyff; lealtad a un sistema de juego — a pesar de todas las voces en contra. 


Lealtad al grupo. 


En este sentido, me robo las palabras de mi sensei: Un rompecabezas de mil piezas sigue estando incompleto aunque falte una sola pieza. 


Eso es un equipo.


Y eso es lo que admiro de Guardiola. 


El primer libro de Pep que tuve en mis manos fue: Otra manera de ganar, en donde se detalla su proceso de maduración como director técnico. Desde su inicio como entrenador del Barcelona B hasta la gestación del mítico equipo que conquistó el mundo, con Messi a la cabeza. En ese libro aprendí mucho, por ejemplo: siempre dar la cara a situaciones difíciles. Guardiola se dio cuenta que Ronaldinho, estrella del FC Barcelona, era una mala influencia para el resto de chicos. Así que sin dudarlo lo retiró del equipo. Así mismo, he tenido que pedir a ciertas personas que se vayan de la academia, pues traían consigo una energía que no iba acorde a lo que buscamos. Aprendí que una manzana podrida pudre al resto.


Ahora, Guardiola se va del City. Una década ganando todo lo que un director técnico puede ganar. Se podría decir que ganó el fútbol y aún así, podría quedarse veinte años más para seguir ganando y rompiendo récords. 


Pero esa es otra virtud que tienen los genios: saber cuándo parar el tren y bajarse, pues hay paradas que son mucho más importantes que otras.


Lealtad y familia.


Todo el resto son detalles.


Gràcies Pep.


ED


 
 
 

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