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WW3

El fin de los tiempos, ahora.

Nos han vendido la idea de que la Tercera Guerra Mundial estará en manos de dos líderes de países desarrollados. Nos pintan la imagen de estas personas, vestidas con sus trajes Armani y relojes de diseñador de veinte mil dólares, sentados alrededor de una mesa redonda de roble centenario junto a sus esbirros. Entonces, girarán una llave maestra que liberará cientos de misiles nucleares y fin.

Se acabará la humanidad como la conocemos.



Pero tranquilos amigos. En realidad, la humanidad como la conocíamos se acabó hace mucho tiempo. Miren a los niños, a los jóvenes de ahora. No les importa nada, no se conforman con nada y no respetan ningún tipo de autoridad. Luego del estallido solo tendremos que preocuparnos por la radiación, cosa que en Chernóbil y sus áreas aledañas ya es costumbre desde 1986. Ya nos acostumbraron a vivir detrás de mascarillas, así que quizá el hecho de ponernos trajes para combatir la radiación sea un paso más en el orden de las cosas, no lo creen.

Tendremos que acostumbrarnos a ver perros con seis patas o infantes con tres ojos deambulando por las calles sucias y abandonadas. Esa será la nueva normalidad. Gente con quemaduras químicas producto de la radiación, pidiendo agua en lugar de dinero en los semáforos. Sin embargo, pocos serán los que puedan pagar el combustible para un vehículo. Tendremos aparatos para medir la radiación antes de entrar a un lugar o comer algún alimento. ¿Acaso no recuerdan que hace poco nos medían la temperatura antes de entrar a cualquier sitio? Todos sabíamos que no servía de nada y aun así nos remangamos la camisa para mostrar el antebrazo. El imaginario colectivo ya grabó esa situación, de tal manera que cuando nos midan la radiación, ya no será ninguna sorpresa, pues solo será cuestión de reactivar el hábito. ¿Recuerdan los experimentos de Pavlov con los perros?


Hombres que quieren ser mujeres y mujeres que quieren ser hombres. Padres de familia indignados con tan solo la idea de que los profesores osen en disciplinar a sus hijos. Toda una generación de jóvenes que se creen merecedores a todo y que no deben rendir cuentas a nadie. El metaverso, término que a muchos de nosotros — quienes nacimos antes del 2000 — nos genera algo de ansiedad, está cada vez más cerca. Vivir en un ambiente radioactivo quizá no sea muy incómodo si es que pasamos conectados a la red. En ese entonces, habrán recursos audiovisuales que nos permitan estar sentados en los Jardines de Versalles o contemplando la Gran Muralla China con nuestros amigos. La realidad virtual nos tendrá conversando y sintiendo el viento y el sol en el rostro, gracias a la tecnología hiperrealista que seguro rebasará los limites de nuestro entendimiento. Viviremos una vida paralela en un mundo digital, mientras nuestros cuerpos físicos se pudren en medio de un planeta Tierra enfermo y sucio.

“No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo.” Victor Hugo

No sabemos lo que suceda en el futuro, ¡Diablos, ni si quiera sabemos que ocurrirá mañana! Así que dejen de preocuparse por la Tercera Guerra Mundial y concéntrense en librarla, pues la están viviendo en este preciso momento. Y no, la mejor manera de hacerlo no es con armas, ni tanques de guerra, ni aviones F-16. Es con el arte. El arte es lo único que no será reemplazado por computadoras, aunque así nos lo quieran imponer. Una computadora no se detendrá a contemplar las nubes tornarse rojas y luego naranjas y luego purpuras mientras se hunde el sol en el horizonte. En este sentido, si la guerra es contra las maquinas, los humanos la ganamos diez de cada diez veces.


Lo triste, amigos míos, es que eso no va a suceder si nos extinguimos antes.


ED

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