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La terrible sensación de hundirse mientras pataleas

Un seƱor con barba roja y un par de canas me miraba a travƩs de la pantalla. Traƭa unos lentes de marco rojo y detrƔs suyo un enorme mueble lleno de libros, de varios colores y tamaƱos, uno al lado del otro.

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ā€Šā€”ā€ŠĀæTe sucede a menudo que te dicen el nombre de una persona y lo olvidas a los cinco segundos?ā€Šā€”ā€Šdijo el extraƱo, como que me estuviese hablando directo a mí— Ā”Desbloquea tu cerebro y recuerda cientos de nombres y muchos mĆ”s detalles que te servirĆ”n en tu vida diaria, en el trabajo y en tus relaciones!ā€Šā€”ā€Š


Me quedé mirando un rato la pantalla, deseando oprimir el botón de la esquina inferior derecha que dice omitir, pero no lo hice, seguí mirando el resto de los noventa segundos del anuncio comercial. Somos testigos de un brutal bombardeo de cientos de estos anuncios que buscan crear seres humanos super productivos; que recuerdan datos y que logran convencer a otras personas mediante la programación neurolingüística y un montón de otras técnicas y herramientas para ser mÔs y producir mÔs. 



Entonces, mientras veía ese video del hombre de barba roja, sentí esa terrible sensación de que nos estamos hundiendo mientras pataleamos y nadamos con todas nuestras fuerzas, en contra de un mar que lentamente nos va succionando hacia abajo, hacia el abismo. Ese mar, son las mÔquinas.

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No podemos competir ni siquiera con la versión de Excel mĆ”s bĆ”sica en cuanto al procesamiento de datos. Ni se diga con la tecnologĆ­a que hay ahoraā€Šā€”ā€Šla que estĆ” libre para el pĆŗblico y por supuesto aquella que sigue en investigación. Hace poco le preguntaron al campeón mundial de ajedrez si jugaba en su celular. Ɖl dijo que no, porque no le podĆ­a ganar.


Ā”El campeón mundial de ajedrez, no juega en su celular porque no tiene ninguna posibilidad de ganarle!, entonces piensoā€Šā€”ā€ŠĀæY el resto de nosotros?


Por eso me divierte ese patĆ©tico intento en vano de seguir en la cantaleta de que, al comprar ese curso de $197 que salió en el anuncio de YouTube, tendrĆ”s una ventaja competitiva contra una mĆ”quina.Ā JamĆ”s en la vida. Nunca va a suceder. El debate cae en la misma pĆ”gina que enfrentar a un ser humanoā€Šā€”ā€Šy no cualquier ser humano, al ser humano mĆ”s grande y fuerte que existaā€Šā€”ā€Šcontra un gorila de espalda plateada. No existe ni una posibilidad de que el humano salga vivo de ese confrontamiento, ni en este universo, ni en cualquier otro.


En esa misma carrera estamos enfrentados contra el poder de las mĆ”quinas y su aterradora evolución en progresión geomĆ©trica. Lo que alguna vez ostentĆ”bamos como nuestra mayor virtudā€Šā€”ā€Šser los animales mĆ”s inteligentes de este planetaā€Šā€”ā€Špoco a poco va quedando como un slogan del pasado. Los libros de historia algun dĆ­a se referirĆ”n a nosotros como: los primates que creyeron ser los amos del universo.


Probablemente no este aquí para verlo y capaz eso nunca pase. A lo mejor las mÔquinas lleguen a una meseta y allí se estanquen, quien sabe. De lo único que estoy seguro en este momento, es que existe una inusual prostitución de estos cursos que venden humo para tratar de parar lo inevitable. Y yo me siento salpicado por esas gotas que caen del pataleo desesperado para mantenerse a flote, aún sabiendo que no hay un atisbo de esperanza en el horizonte.



El agua caliente de la ducha me golpeaba la parte de atrĆ”s de la nuca, cuando pensĆ©ā€Šā€”ā€ŠNo puedo terminar el ensayo de esa manera. QuĆ© clase de persona predica el espĆ­ritu samurĆ”i diariamente y en un mal dĆ­a bota todo al carajo, prematuramente matando la esperanza de toda la especieā€Šā€”ā€ŠEn ese momento, pensĆ©: QuĆ© tal si, en lugar de patalear, solo estiramos las piernas y llenamos el abdomen con aire. Luego, con el sol golpeĆ”ndonos en la cara, el susurro del mar y el graznido de las aves marinas, nos dejamos llevar por la primera corriente que nos encuentre.


A lo mejor no es necesario pelear contra las mƔquinas. No serƔ necesario pelear contra los robots que nos quitan los trabajos. No serƔ necesario convertirnos en algo que no somos, para pelear una batalla que nunca podremos ganar. Mucho mƔs sensato creo que serƔ sacarle provecho a esas cualidades que nos diferencian del metal frio y los microprocesadores.

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Esas cualidades únicas que afloran cuando vemos un perro bajo la lluvia y lo llevamos a casa para darle comida y abrigo. O aquellos extraños que llegan con comida para una familia cuyo padre y único sostén, perdió el trabajo la semana antes de navidad. Esas cualidades que, a lo mejor no pueden crear algoritmos super complejos que se ocupan de billones de tareas simultaneas, pero que sirven para mitigar el sufrimiento de una persona hundida en depresión y darle una ligera brisa de esperanza de que la vida sí vale la pena ser vivida.


Con eso me quedo.Ā 


ED

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* Las opiniones expresadas en este Blog son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de COHAB Ecuador.

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