La terrible sensación de hundirse mientras pataleas
- Esteban Darquea Cabezas
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Un seƱor con barba roja y un par de canas me miraba a travĆ©s de la pantalla. TraĆa unos lentes de marco rojo y detrĆ”s suyo un enorme mueble lleno de libros, de varios colores y tamaƱos, uno al lado del otro.
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āāāĀæTe sucede a menudo que te dicen el nombre de una persona y lo olvidas a los cinco segundos?āāādijo el extraƱo, como que me estuviese hablando directo a mĆā Ā”Desbloquea tu cerebro y recuerda cientos de nombres y muchos mĆ”s detalles que te servirĆ”n en tu vida diaria, en el trabajo y en tus relaciones!āāā
Me quedĆ© mirando un rato la pantalla, deseando oprimir el botón de la esquina inferior derecha que dice omitir, pero no lo hice, seguĆ mirando el resto de los noventa segundos del anuncio comercial. Somos testigos de un brutal bombardeo de cientos de estos anuncios que buscan crear seres humanos super productivos; que recuerdan datos y que logran convencer a otras personas mediante la programación neurolingüĆstica y un montón de otras tĆ©cnicas y herramientas para ser mĆ”s y producir mĆ”s.Ā

Entonces, mientras veĆa ese video del hombre de barba roja, sentĆ esa terrible sensación de que nos estamos hundiendo mientras pataleamos y nadamos con todas nuestras fuerzas, en contra de un mar que lentamente nos va succionando hacia abajo, hacia el abismo. Ese mar, son las mĆ”quinas.
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No podemos competir ni siquiera con la versión de Excel mĆ”s bĆ”sica en cuanto al procesamiento de datos. Ni se diga con la tecnologĆa que hay ahoraāāāla que estĆ” libre para el pĆŗblico y por supuesto aquella que sigue en investigación. Hace poco le preguntaron al campeón mundial de ajedrez si jugaba en su celular. Ćl dijo que no, porque no le podĆa ganar.
Ā”El campeón mundial de ajedrez, no juega en su celular porque no tiene ninguna posibilidad de ganarle!, entonces piensoāāāĀæY el resto de nosotros?
Por eso me divierte ese patĆ©tico intento en vano de seguir en la cantaleta de que, al comprar ese curso de $197 que salió en el anuncio de YouTube, tendrĆ”s una ventaja competitiva contra una mĆ”quina.Ā JamĆ”s en la vida. Nunca va a suceder. El debate cae en la misma pĆ”gina que enfrentar a un ser humanoāāāy no cualquier ser humano, al ser humano mĆ”s grande y fuerte que existaāāācontra un gorila de espalda plateada. No existe ni una posibilidad de que el humano salga vivo de ese confrontamiento, ni en este universo, ni en cualquier otro.
En esa misma carrera estamos enfrentados contra el poder de las mĆ”quinas y su aterradora evolución en progresión geomĆ©trica. Lo que alguna vez ostentĆ”bamos como nuestra mayor virtudāāāser los animales mĆ”s inteligentes de este planetaāāāpoco a poco va quedando como un slogan del pasado. Los libros de historia algun dĆa se referirĆ”n a nosotros como: los primates que creyeron ser los amos del universo.
Probablemente no este aquà para verlo y capaz eso nunca pase. A lo mejor las mÔquinas lleguen a una meseta y allà se estanquen, quien sabe. De lo único que estoy seguro en este momento, es que existe una inusual prostitución de estos cursos que venden humo para tratar de parar lo inevitable. Y yo me siento salpicado por esas gotas que caen del pataleo desesperado para mantenerse a flote, aún sabiendo que no hay un atisbo de esperanza en el horizonte.
El agua caliente de la ducha me golpeaba la parte de atrĆ”s de la nuca, cuando pensĆ©āāāNo puedo terminar el ensayo de esa manera. QuĆ© clase de persona predica el espĆritu samurĆ”i diariamente y en un mal dĆa bota todo al carajo, prematuramente matando la esperanza de toda la especieāāāEn ese momento, pensĆ©: QuĆ© tal si, en lugar de patalear, solo estiramos las piernas y llenamos el abdomen con aire. Luego, con el sol golpeĆ”ndonos en la cara, el susurro del mar y el graznido de las aves marinas, nos dejamos llevar por la primera corriente que nos encuentre.
A lo mejor no es necesario pelear contra las mƔquinas. No serƔ necesario pelear contra los robots que nos quitan los trabajos. No serƔ necesario convertirnos en algo que no somos, para pelear una batalla que nunca podremos ganar. Mucho mƔs sensato creo que serƔ sacarle provecho a esas cualidades que nos diferencian del metal frio y los microprocesadores.
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Esas cualidades únicas que afloran cuando vemos un perro bajo la lluvia y lo llevamos a casa para darle comida y abrigo. O aquellos extraños que llegan con comida para una familia cuyo padre y único sostén, perdió el trabajo la semana antes de navidad. Esas cualidades que, a lo mejor no pueden crear algoritmos super complejos que se ocupan de billones de tareas simultaneas, pero que sirven para mitigar el sufrimiento de una persona hundida en depresión y darle una ligera brisa de esperanza de que la vida sà vale la pena ser vivida.
Con eso me quedo.Ā
ED
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