top of page

Bestias

10 minutes ago
4 min read

— ¡Bestia, animal, salvaje!, ¡Déjalo, déjalo! — gritaba la señora detrás mío. Resultó ser madre del tipo alcoholizado al que estaba golpeando una y otra vez con mis codos, con mi cuerpo montado encima suyo. En esa posición, sus brazos no alcanzaban a tocarme el rostro ni hacerme daño. Yo, sin embargo, tenía completo control de la situación y mis codos, con ayuda de la gravedad, caían como meteoritos sobre su cara. Sentí que la tela de mi camisa se empapaba en sangre, la cara del tipo completamente deformada y la señora que trataba de arrancarme de encima de su hijo mientras me seguía insultando.



— ¡Imbécil, animal! — dijo finalmente cuando me quité de encima del bulto que yacía tirado sobre la calle. Ella se acercó a su hijo borracho, quien formaba burbujas de sangre mientras trataba de hablar, imagino que me quería insultar, pero abría la boca y no salía sonido alguno.


Ya de pie, miré mis manos llenas de sangre y las limpié en mi pantalón beige. La policía llegó unos minutos después del incidente. Yo me quedé en el lugar para contar mi versión de los hechos, pues fui yo mismo quien llamó al 911, pero no sin antes llamar al Sargento López. Él trabajaba de cerca con mi tío Diego, quien a su vez daba servicios legales pro bono a miembros de la policía y las fuerzas armadas.


— El borracho estaba molestando a un grupo de estudiantes que comían en el local de hamburguesas — le dije al sargento y a un subalterno que lo acompañaba y tomaba nota.


— Le dije que pare, pero no lo hizo. Un momento después fue cuando perdí la cabeza al ver que comenzó a molestar a un par de niñas, tenían quizás diez o máximo doce años. Me recordaron a mis sobrinas, sargento, no pude evitarlo. — el sargento López le pidió al subalterno que se retire, con una mirada. 


— Fue entonces cuando me acerqué y lo agarré de la chaqueta. Lo tiré al piso y allí lo mantuve hasta que lleguen ustedes, de verdad que no quise hacerle daño. Pero entonces el hijodeputa me mordió el brazo izquierdo, así que le golpeé con mi codo una, dos, tres, cuatro veces hasta que escuche el ruido de las sirenas. Entonces me levanté y aquí estamos sargento.


— Tranquilo Joaquín. Yo me hago cargo de todo, saluda a tu mamá y córtate esa barba que pareces pordiosero — me pellizcó el cachete, como lo hacía cuando era niño y se dirigió a tomar la declaración de la mamá del borracho, mientras ésta continuaba llorando y lamentando el estado casi moribundo en el que dejé a su hijo.


— Eso le pasa por criar basura — le dije, antes de coger mi mochila y dirigirme a casa a ver a mamá después de dos largos años.



El shock de verme llegar empapado de sangre seguramente fue enorme para mi madre. Pero una vez que le conté lo sucedido pues, se tranquilizó y fuimos a la biblioteca para conversar y ponernos al día, tratando de recuperar el tiempo perdido. Terminamos la noche cenando pato y bebiendo vino para celebrar nuestro reencuentro.


¿Cómo es que mi mamá estaba tan tranquila después de contarle que casi le mato a otra persona a codazos?


Simple. Así como la mamá del borracho acosador, mi madre cree en su hijo. ¿No es así cómo funciona acaso? Todas las mamás creen que sus hijos o hijas son el próximo Messi o la reencarnación de Marie Curie. El poder de la negación puede ser enorme si lo dejas asentarse el tiempo suficiente. Entonces, se pasan la vida viendo oro donde no hay y creando ficciones que se convierten en verdad a medida que las repiten una y otra vez.


Quizás por eso me fui hace dos años a la selva amazónica. Dejé mi práctica y decidí perderme en un lugar alejado pensando que a lo mejor, si me iba, lograría que alguien me extrañe, quizás lo único que quería era sentirme imprescindible. Me creció el pelo y la barba, razón por la cual la señora madre del borracho me llamaba animal, bestia salvaje y no sé qué más.


Aquí si le doy la razón a la vieja maloliente. Me vi en el espejo ese lunes en la mañana, después de un fin de semana de reencuentro con mamá, y efectivamente parecía que me dejaron en altamar durante décadas, en una triste y solitaria isla con una palmera en medio.


En un instinto de preservación, agarré una tijera y corté el exceso de barba que se extendía hasta veinte centímetros. Luego, cogí la Braun Series 9 Pro+ de papá, una de las pocas pertenencias que dejó atrás antes de largarse a Nueva York para manejar la sucursal de su todopoderoso estudio de abogados.


No puedo ser ingrato pues, a pesar de todo, dejó el pent-house del centro y la finca de café de no sé cuántas hectáreas al noroccidente de la ciudad. Yo quedé a cargo de la oficina central de Miranda & Miranda Attourneys at Law con sus más de quinientos clientes, nacionales e internacionales. Mis dos años sabáticos fueron cubiertos de manera prolija por Jaime Andrés Serrano de la Fuente, el consiglieri de la familia por así decirlo. Hijo bastardo de mi abuelo, pero que siempre tuvo buena relación con mi padre y un ser humano leal hasta la muerte.


Mientras me afeitaba, el piso de cerámica parecía transformarse en alfombra mientras llovía lo que parecían libras de pelo desde mi rostro. Así mismo, yo también me convertía en alguien más, alguien que desconocía. Terminé con la máquina y procedí a terminar el afeitado con la Mühle R89, afeitadora alemana, clásica, de metal, muy elegante. La misma que usaba papá, pero ésta si me la compré yo. Cada pasada de la cuchilla iba matando una parte de mí y descubriendo una nueva persona.


Allí apareció el abogado, el heredero, el príncipe; atrás quedó la bestia, el animal, el salvaje, a quien tanto reclamaba aquella vieja gorda mientras yo golpeaba la cara de su hijo con mis codos, uno tras otro. Mi cabello largo, más largo que nunca, lo peiné hacia atrás con gel. Me puse un poco de Acqua di Parm en las manos, las froté y acerqué mi nariz para percibir ese aroma embriagante por un instante.


Miré al espejo y le dije a esa persona nueva que tenía frente a mi — Somos todos bestias , solo que unos lo saben esconder mejor que otros.


ED


 
 
 

Comments


* Las opiniones expresadas en este Blog son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de COHAB Ecuador.

Gracias por Suscribirte!

  • Facebook
  • Twitter
  • YouTube
  • Instagram

© 2026 COHAB JIU JITSU ECUADOR

CONTACTO: +593 997529105

bottom of page