Lo que callamos
- Esteban Darquea Cabezas

- 4 days ago
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Hijodeputa, llevo media hora esperándote y eso que me dijiste que ya estabas a cinco minutos, siempre lo mismo, nunca cambias, por eso no puedes mantener un trabajo mas de seis meses y luego estas rogando a la gente para que te contrate solo para volver a hacer lo mismo una y otra vez…
—¡Discúlpeme ingeniero! venía en camino cuando se cruzaron unas mil vacas por media carretera, no le miento, ¡mil vacas!, discúlpeme por favor.
— No pasa nada Carlos—dije, con una parsimonia inquietante— aquí esta el saldo pendiente. Por favor, deje las camisetas sobre el escritorio — acto seguido, le entregué el sobre con el dinero en efectivo.
— Listo, gracias ingeniero.
Bueno para nada, última vez que te pido alguna cosa hijodelagranputa incumplido y mediocre, nunca mas te vuelvo a pedir, ni un par de medias, ni una bolsa de papas, ni una Coca-Cola, ni siquiera un chicle, pedazo de animal inutil, buenoparanada…
— Con mucho gusto, buena tarde Carlos.
Imbéciles, borrachos y drogadictos, se la pasan la vida de fiesta en fiesta sin hacer nada productivo, mírale a esa…coqueteando con el mejor amigo de su novio…y esa otra, mintiendo a los papás que se fue a estudiar donde su compañera de la universidad para venir a embutirse el alcohol y manosearse con el primer gil que le haga caso…y aquel cretino, caminando con la camisa abierta, empujando a otros más pequeños, emulando al macho alfa de la manada… estúpidos, animales, simplones…
— ¿Qué tal te la estás pasando? — me preguntó Laura.
— Increíble, tremenda fiesta — mentí, sosteniendo un vaso de agua en la mano. Yo no tomo alcohol por un problema estomacal desde hace varios años, además, la sensación de mareo y la deshidratación del día siguiente nunca fueron de mi agrado.
Ella fue a traer otra cerveza de la barra y yo me quedé con sus compañeros de clase. Hablaban puras pendejadas y me hacían las mismas preguntas tontas una y otra vez. Claramente sus facultades cognitivas y su memoria a corto plazo comenzaba a fallar.
Laura regresó y me dio la mano. Se acercó y me susurró al oído — ¿Vamos de aquí?, conozco un motel que queda a quince minutos manejando hacia el norte — Le di un beso largo y la seguí hasta el carro. Me dio las llaves y manejé hacia el motel del norte.
Unos minutos antes de llegar, sin embargo, sonó su celular:
— Aló — contestó Laura — ¿Qué pasó?… ya me fui a mi casa, me sentía mal … ¿Qué?…no te escucho…¿estas segura?…ya ya, quédate ahí ya voy para allá — cerró la llamada y me dijo que nos demos la vuelta. Una amiga suya había dejado la cartera en la parte de atrás del carro y ahí tenia la llaves de su casa. Y así nomás, se terminó la noche.
Gorda hijadesuputamadre, borracha y encima de eso estúpida, que clase de persona no puede ni siquiera estar pendiente de una puta cartera donde tiene las putas llaves de la casa…
— Claro, todo bien — le dije, mientras activé las luces direccionales para dar media vuelta — a cualquiera le puede pasar, dile que vamos en camino y también si quiere la podemos llevar a su casa.
No hay drama.
Te veo saliendo de ese lugar con tu profesor de literatura…sales cogida de la mano y le das besos mientras caminan a la parada del tren, te veo desde la cuadra opuesta, donde vengo a poner gasolina, de pura coincidencia les vi salir, me habías dicho que te ibas a tomar un café con una amiga y luego ibas a seguir estudiando…por eso me acerco para sorprenderte, maldita puta, prostituta, engendro del mal, mujerzuela, Betzabel…
— ¿Esta rico el café? — grité mientras me acercaba a ellos. Ella me daba la espalda mientras le besaba a su profesor, de tal manera que solo él me podía ver directamente.
Ella se dio la vuelta, asustada — Que..que haces aquí — me dijo con la voz temblorosa…
Entonces, la tierra comenzó a moverse, indicando que el tren venía llegando.
En un arranque de ira, los agarré a los dos de la ropa y los arrastré hacia el filo del andén. Tras un corto forcejeo los arrojé a las rieles.
Las cuatro personas que se encontraban en el andén de enfrente no lograron hacer nada más que mirar en silencio y espanto. Cuando se acercó el tren, ese silencio se rompió gracias a una señora flaquita, de mediana edad, que logró emitir un grito ensordecedor mientras los señalaba con su mano derecha.
Veo esto mientras camino y me cubro la cabeza con la capucha de mi chompa.
Me dirijo hacia la salida sin mirar atrás.
— Te pregunté algo, ¿estas sordo? Qué haces aquí — me dijo nuevamente.
— Na..na..nada, le dije, estaba poniendo gasolina al frente y te vi — respondí tímidamente.
— Mentira, me estas siguiendo…ya cortamos hace más de seis meses, déjame en paz — me gritó en la cara. Yo me quedé helado, sin ninguna reacción, sin ninguna palabra que salga de mi boca, completamente entumecido.
Le agarró la mano a su profesor y lo llevó a la salida. Afuera, paró un taxi amarillo que estaba estacionado esperando.
Entraron al taxi y se alejaron.
Nunca más la volví a ver.
Eres pésimo, nunca le has podido ganar, tu saque esta en la mierda, llevas como diez dobles faltas en todo el partido, siempre llegas hasta el final pero nunca puedes terminar, mira como te tiembla la mano y el rato que quieres corregir te tensas demasiado y la bola se ve muy larga, siempre te pasa lo mismo…
— Violación de tiempo, advertencia Sr. López — dijo el juez de silla. Me desperté de mi trance y saqué una pelota de mi bolsillo.
Era la final del torneo interno del club. Nunca había ganado un torneo, es más, nunca había pasado de primera ronda. En esta ocasión tuve algo de suerte. Mi rival de la primera ronda se lesionó después de ganar el primer set. En la segunda ronda, el jugador se quedó dormido después de una fiesta el sábado por la noche y perdió por walk-over.
Por eso, llegué a la final… sin haber jugado un solo partido completo.
Al frente tenía al Sebas. El mejor jugador del club quien estuvo muy cerca de ser profesional, de no ser por una malsana adicción a las apuestas que terminaron pronto con su carrera.
Ahora, en este momento, estoy jugando el tibreak y estoy sirviendo para partido.
11–10 en el tiebreak y una vez mas la vas a echar a perder. Mira como te tiemblan las piernas, mira tu postura, mira como te dejas controlar por tu mente, siempre haces lo mismo y por eso no puedes triunfar en nada, lees libros de autoayuda y oyes miles de podcasts sobre el éxito y la fortaleza mental pero sigues perdiendo una y otra vez contra estos mediocres jugadores de fines de semana y nunca…
— ¡Cállate! — grité.
El juez de línea me miró desconcertado.
— Perdón — me disculpé y empecé a botear la bola para luego proceder a lanzarla al aire justo por encima de mi cabeza. Luego, la remato lo más duro posible con mi raqueta, tratando de meterla en el cuadrado del lado opuesto.
— Game. Set. Partido — dijo el juez después de que la pelota rebotó en el vértice del cajón y pasó de largo, lejos de la raqueta del Sebas.
— Viste que si puedo. No vuelvas a hablarme así nunca más — me dije en silencio.
Levanté los brazos y caminé hacia la red, donde mi rival ya me esperaba para estrecharme la mano.
ED






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