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De lobos y simios

Thomas Hobbes dijo que el ser humano es intrínsecamente malo y que necesita de un ente externo como el estado para mantener esos instintos bajo control. Nuestra sociedad como tal es una ilusión sumamente inestable que se puede romper en cualquier momento. Mark Rowlands - profesor de filosofía de la Universidad de Miami - se sumerge en este tema en su libro El filósofo y el lobo. Rowlands relata diez años de convivencia con un lobo de sesenta y cinco kilogramos llamado Brenin. Durante este tiempo, lo entrenó y compartió sus días con este magnífico animal, a tal punto que el lobo se quedaba acostado a los pies del profesor mientras dictaba sus clases en la Universidad. Su experiencia lo llevó a comparar la esencia del ser humano con la del lobo.



La diferencia entre simios (nosotros) y lobos - según el autor - reside en la manera en la que vemos el mundo. Los humanos, vemos el mundo de una manera lineal. Nacemos, vivimos un tiempo, luego morimos. Tenemos consciencia sobre este hecho y esto nos vuelve sumamente predispuestos a vivir una vida dedicada a cumplir objetivos y usar cualquier medio necesario para llegar lejos (¿a donde? aún no lo se). Cumplir objetivos, en algunos casos, significa utilizar tácticas poco éticas para alcanzarlos. Pasa en los negocios, en la política y hasta en las mejores familias. Tendemos a ser corruptos, manipuladores y engañosos. Los lobos, por otro lado, ven el mundo de manera circular. Dejaré que Rowlands lo explique con sus propias palabras:


"El tiempo de los lobos, intuyo, es un círculo, no una línea. Cada momento de su vida es completo en sí mismo, y la felicidad, para ellos, siempre se encuentra en el eterno retorno de lo mismo. Si el tiempo es un círculo, nunca más no existe, y, por tanto, la existencia de uno no se organiza en torno a la visión de la vida como un proceso de pérdida... Cuando no se tiene noción de nunca más no existe la sensación de pérdida."


Es este sentido, pienso en dos grandes bendiciones - de las tantas - que he tenido en mi vida. La primera, la llegada de mi propio lobo, un Akita de cuarenta kilogramos llamado Hachi. Mi mejor amigo que me ha acompañado durante diez años a través de tormentas y días soleados, siempre ahí, estoico, viviendo el presente, leal hasta las ultimas consecuencias. La segunda bendición ha sido encontrar el jiu jitsu. Este arte marcial me ha enseñado a crear un balance entre lo salvaje y lo civilizado. La virtud inherente del jiu jitsu es que te permite defenderte ante una agresión de manera pacifica, sin dañar al agresor ¿Hay algún triunfo más completo que éste en un confrontamiento físico?


Supongan ustedes que crean la disciplina de luchar cuerpo a cuerpo contra otros seres humanos todos los días, en un ambiente controlado donde se cuidan unos a otros. Un lugar seguro donde pueden liberar ese animal salvaje pero al mismo tiempo mantener vivos valores primordiales como el respeto, la disciplina y la humildad. Créanme cuando les digo que es una perfecta escuela para crear samuráis modernos, personas íntegras, de buen proceder, que pueden pararse firmes cuando sea necesario.

"Civiliza la mente, pero hazle salvaje al cuerpo." Anónimo

Tal vez Hobbes tenía razón, si somos salvajes y necesitamos un ente de control para no terminar matándonos unos a otros. Pero por otro lado, quizá Hobbes nunca tuvo la oportunidad de conocer el jiu jitsu. Hubiese descubierto que con él, tenemos la posibilidad de liberar ese animal salvaje al mismo tiempo que mantenemos la civilidad. Damos rienda suelta al lobo mientras mantenemos nuestra humanidad, recuerden que si no somos capaces de ser violentos, no significa que seamos pacíficos, somos inofensivos.


ED

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Carlitos

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