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El diablo adentro

La historia de la Unidad 731


El protocolo de Ginebra de 1925 es un tratado de prohibición del uso de armas químicas y biológicas en un conflicto bélico. Ahora bien, hay situaciones que sacan lo peor del ser humano - la guerra es el pináculo de esa expresión - y todos esos tratados y protocolos son prácticamente inútiles. Sobre todo cuando nos atrevemos a visitar los rincones más obscuros del alma humana.



El Teniente General Shirō Ishii, fue el líder de la Unidad 731. Este médico japonés, especializado en microbiología, fue el encargado del departamento de Inmunología del Ejercito Imperial Japonés, donde nació la Unidad 731. Este grupo fue establecido en el año 1937 cerca de la ciudad de Harbin al noreste de China - durante la guerra sino- japonesa y los primeros años de la segunda guerra mundial. El objetivo de este grupo supuestamente era la investigación y desarrollo para promover la salud publica. Sin embargo, con el pasar de los años y al entrar en etapas más avanzadas de la guerra, los objetivos de la Unidad 731 se tornaron más macabros y su atrocidad ha sido capaz de quitarme el sueño. Me han hecho pensar hasta donde puede alcanzar la maldad del ser humano y es una pieza de evidencia más de que el diablo existe.


La Unidad 731 se convirtió en un espacio de experimentación con prisioneros de guerra. Cerca de doce mil personas - hombres, mujeres y niños - fueron sistemáticamente torturados y asesinados a través de experimentos llevados a cabo en la Unidad 731. Individuos chinos, mongoles, rusos, coreanos eran llamados marutas - que quiere decir tronco en el idioma nipón. Los psicólogos argumentan que de esa manera, era más fácil cometer las atrocidades en contra de esas personas indefensas e inocentes, pues los soldados y doctores los veían como cosas.


Es difícil escribir acerca de las atrocidades cometidas durante ese período dentro de la Unidad 731. Imagina que te amputen las extremidades solo para ver cuanto tiempo demoras en morir desangrado. O que te inyecten enfermedades como cólera, tifus y difteria para estudiar sus efectos y ver como contagiabas al resto de prisioneros. Peor aún, que te dejen afuera en pleno invierno a temperaturas menores a cuarenta grados para observar los efectos del frío extremo sobre tu cuerpo. Luego vertían agua hirviendo para registrar la temperatura a la cual la piel y los músculos se desprendían de los huesos. Maldad en estado puro.


Y así de simple, escondiéndose detrás del nombre oficial de Escuadrón de Prevención Epidémica y Purificación del Agua, la Unidad 731 fue responsable de actos que nos revelan la maldad a la que puede llegar el ser humano en contra de su propia especie. Cuando nos salimos del establecimiento social comúnmente aceptado, corremos el riesgo de liberar al diablo. Entonces me doy cuenta de la fina línea que nos separa de la anarquía total. Cuando le das demasiada libertad a un grupo liderado por tiranos, salen monstruos que no puedes imaginar ni en tus peores pesadillas.


Si no tienes la habilidad para ser violento, estas a merced de cualquier persona que si lo sea.

Solo quiero dejar claro que la maldad existe. Por esa razón insisto en que todas las personas deberían estudiar la defensa personal. Todos deberíamos tener el conocimiento mínimo necesario para enfrentar una situación violenta si es que se presenta ante nosotros. Estas líneas no son una estrategia de marketing. Son una advertencia con mucho amor. Aprendan a defenderse y compártanlo con sus seres queridos. Recuerden esto: si no tienes la habilidad para ser violento, estas a merced de cualquier persona que si lo sea.


Ser inofensivo no es lo mismo que ser pacífico.


ED



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Carlitos

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