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F L O W

"Pelear te jode la cabeza.

Pelear duele.

La mayoría de las personas huyen de una pelea.

Porque no quieren responderse a si mismos la pregunta inevitable que se susurran constantemente: ¿Seré uno de los fuertes, o seré uno de los débiles.

Dónde encajo dentro de la cadena alimenticia?"


Con esas palabras de Alvey Kulina (interpretado por Frank Grillo), empieza el primer capítulo de la primera temporada de la serie de televisión KINGDOM. La historia se desarrolla dentro de un gimnasio familiar dedicado a las artes marciales mixtas ubicado en Venice Beach, California. Es una serie dramática, con buena narrativa y buenos actores, trata temas bastante profundos que van mas allá de las peleas y los entrenamientos. Vale la pena verla.

Con mucha nostalgia, recuerdo los primeros años que mi papá me sacaba a las 06:00 am a trotar por el perímetro del parque de la Carolina en Quito. Fue en alguna de esas madrugadas que sentí por primera vez lo que se conoce en la psicología como el flujo. Mihály Csíkszentmihályi, psicólogo húngaro-americano fue quien propuso este concepto por primera vez. El flujo se refiere a ese estado mental operativo en el que estamos completamente inmersos en una actividad. En éste estado, el subconsciente tiene total libertad de realizar actividades relacionadas con la memoria muscular y el movimiento, dejando espacio para que la mente piense de manera creativa y estratégica sobre la tarea en ejecución.


"Entramos en un nivel de éxtasis que parece que no existimos. Tuve esa sensación varias veces. Mi mano parecía un ser independiente. Simplemente me quedo ahí observando, en estado de respeto y encantamiento. Y la cosa simplemente fluye por si mismo." Estas palabras de un compositor se asemejan a las de muchos otros hombres y mujeres - atletas, pintores, músicos, artistas marciales - cuando hablan de un momento en que se sumergen completamente en determinada actividad.


En mi experiencia, no hay situación más estresante que subirse a una jaula a pelear contra otro ser humano. En el 2017 tuve mi primera pelea profesional de MMA en la ciudad de Yantzaza en la provincia oriental de Zamora. La razón de esa pelea fue simplemente dar el ejemplo. En ese tiempo era cinturón marrón de jiu jitsu, para entonces ya tenía la academia funcionando en la ciudad de Cuenca un par de años. Los principales mentores en mi vida y la mayoría de textos de liderazgo que he revisado tienen un punto en común, ambos hablan sobre la magia de liderar con el ejemplo. Así que esa noche del 25 de Febrero de 2017, hice justamente eso. Entré a pelear contra un boxeador de Loja; porque en la jaula no vas a luchar, vas a pelear.


Mi estrategia era simple, llevar la pelea al piso antes que me pueda conectar un golpe y finalizar lo antes posible. En poco menos de tres minutos logré cumplir el plan de juego a la perfección, utilice el jab como distracción y lo lleve al piso con un derribo a una pierna, lo controlé y avancé posiciones hasta someter a mi rival con un mata león. El mata león es una estrangulación que consiste en enredar tus brazos alrededor del cuello del oponente desde atrás, tal cual lo haría una Boa. Una vez ajustada la posición de los brazos, se aplica la presión necesaria para obligar al oponente a rendirse o a quedarse inconsciente por falta de irrigación sanguínea al cerebro. De esa manera cumplí dos grandes objetivos. El primero fue reafirmar que todo lo que enseñamos en la academia puede ser usado en la vida real, demostré que sí es posible ganar una pelea sin dañar a la otra persona. Y lo segundo fue probarme a mi mismo que si te enfocas lo suficiente en un objetivo, puedes lograrlo.


Balancear todas las emociones y sentimientos en esos momentos previos a subirme al octágono, fue una de las experiencias mas enriquecedoras de mi vida. Esa noche sentí el flujo de una manera que no había conocido antes. El concepto era el mismo cuando salía a correr o cuando estaba entrenando jiu jitsu, pero mantenerte bajo control en una pelea profesional donde el otro quiere arrancarte la cabeza, fue una experiencia especial. Para ser sincero no recuerdo la pelea desde mi perspectiva, solo me acuerdo de los videos que fueron difundidos posteriormente. Sin embargo, nunca olvidaré que durante un momento parecía que el tiempo se congeló y que mi cuerpo reaccionaba solo, siguiendo patrones de movimiento que había entrenado una y otra vez desde que empecé a estudiar el jiu jitsu en el 2007. Esas horas de entrenamiento, o el simple instinto de supervivencia, me llevaron a esa primera victoria dentro de la jaula. He tenido dos peleas mas después de esa. Tres peleas. Dos ganadas. Una perdida.


Llevo 14 días desconectado de las Redes Sociales. Mi productividad, mi concentración y la claridad de mis pensamientos aumentaron en un 100%. Ya no miro mi celular cuando me levanto en las mañanas. Apago la alarma, preparo un café, me pongo el kimono y bajo a dar la primera clase de jiu jitsu del día. Ese tiempo libre me ha permitido estudiar y leer más, preparar mejor las clases en la academia y aprovechar ese tiempo. Me permitió adentrarme más en la neurobiología de la excelencia, el flujo, ese estado al que podemos acceder cuando estamos totalmente inmersos en una actividad. Quizás por eso escuchamos relatos de personas que a través de la oración profunda llegan a esos estados cercanos a la iluminación, quizás en esos momentos sentimos la presencia de un Poder Superior.


ED

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Carlitos

* Las opiniones expresadas en este Blog son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de COHAB Ecuador.

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