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Gracias a La Vida

La traslación es el movimiento de nuestro planeta alrededor del sol. Se demora trescientos sesenta y cinco días, cinco horas y cuarenta y nueve minutos, dibujando una órbita elíptica a una velocidad promedio de veintinueve kilómetros por segundo. Medimos todo en base a ese tiempo: la navidad, las fiestas patrias, los días de la madre y del padre, los cumpleaños, inclusive el duelo, dicen los psicólogos, debe ser resuelto en ese lapso de tiempo. La muerte de un ser querido, un divorcio, una tragedia, todo medido por la misma vara: la vuelta de una roca alrededor de una esfera candente llena de hidrogeno y helio. Seres curiosos, los humanos.


Nunca he sido una persona que le entusiasme mucho celebrar su cumpleaños. Tenía la tendencia a pensar en que no hay ningún merito de mi parte en que la tierra gire alrededor del sol, esté o no esté aquí, igual la tierra seguirá girando. Pero con el tiempo me he dado cuenta de que va más allá de eso, aprendí el hábito de ser agradecido y aprendí a valorar aún más el cariño de todas las personas que me quieren bien. Culturalmente nos hemos acostumbrado a ser un poco más cariñosos justamente en el día que nacemos y pues, con el pasar de los años, he aprendido a agradecer este hecho.


Hay días que amanezco con una profunda angustia por el rumbo que estamos tomando como especie, como humanidad. Tanta maldad y egoísmo regado por todos lados. Hoy es un día diferente, hoy amanecí con la urgencia de redescubrir mi humanidad, nuestra humanidad y soy consciente de que la gratitud es quizás la mejor manera de hacerlo.


Gratitude Painting by Melina Del Mar

De manera trágica vemos como las reuniones, los almuerzos y las cenas transcurren de manera abstracta. Niños, jóvenes y adultos se sientan frente a un celular y se relacionan, nos relacionamos, con el mundo a través de una pantalla luminosa. Es triste ver niños, casi bebes, idiotizados por esas pantallas, como los insectos que son atraídos por la luz. Nos olvidamos de lo hermoso de un abrazo, una conversación, un juego de cartas. Lamentablemente la otra opción es diametralmente opuesta: reunirse a tomar galones de alcohol y drogas al ritmo de música estridente con el fin de para pasar las horas. Me llamarán ogro amargado por vociferar tales aseveraciones, sin embargo, he pasado por ello y la verdad es que hasta el día de hoy no encuentro la utilidad de estas prácticas. Solo sirven para destruir familias, desleír cerebros y ser un perfecto coctel de malas decisiones cuyos arrepentimientos normalmente surgen apenas sale el sol y despiertan alado de personas cuyo nombre ni siquiera recuerdan.


La dependencia a que las personas vean, sigan, se enteren de lo que hacemos cada momento de cada día se ha convertido en una enfermedad. La información infinita que tenemos en nuestras manos gracias al internet se tornó en un espejo de nuestro ego. Un reflejo digital que queda engrapado dentro de una pantalla abstracta en donde publicamos nuestra vida diaria, lo que comemos, lo que tomamos, con quien estamos y algunos no pueden ni ir al baño en paz, sin publicarlo en redes. Existen clases abiertas, sin costo, por parte de las mejores universidades del mundo en la palma de tu mano, puedes estudiar ingeniería en MIT o acceder a las lecturas de la facultad de Psicología de Harvard. Sin embargo, veo como los jóvenes malgastan sus horas en juegos de video violentos y sin sentido, buscando escapar la angustia de la vida moderna. Me recuerda ese clásico ejemplo en el que las personas quieren tener una piscina en casa y una vez que la tienen se olvidan de ella. O aquellos que necesitan tener el último modelo de iPhone para sentirse completos, y creen que lo son, hasta que aparece el próximo modelo.


"El hermoso consuelo de encontrar el mundo en un alma, de abrazar a mi especie en una criatura amiga." F. Hölderlin

Hoy agradezco esos breves instantes en los que tenemos la oportunidad de estar con la familia alrededor de una mesa preparada con amor, con poco o mucho - irrelevante a la final - compartiendo anécdotas pasadas y previendo futuros alentadores. Una taza de café acompañada por una torta de cumpleaños en compañía de seres queridos finalmente vale mucho más que la cantidad de gente que ha visto tus publicaciones en una red social.


Les urjo a ustedes, entonces, que dejen su celular por un momento, apaguen su ordenador y levanten la mirada. La vida es un segundo.


ED




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Carlitos

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