top of page

Sobrevivir — sobre todo. 

Giré y me puse de rodillas, en un reflejo automático para cuidar mi integridad física. Recordaba que los viejos solían decir que, si te ataca un grupo de personas y te golpean y patean en el piso, lo único que uno debe hacer es buscar una posición fetal para proteger las partes vitales y esperar que termine pronto la paliza.


 

Pero esta vez no era un grupo, era una sola persona. Un alumno mío que llegó al cumplir los doce años y que ahora bordeaba los veinte. De cierta manera, un cachorro todavía pero cuyos huesos se alargaron y músculos se ensancharon. Su espalda ahora era del tamaño de un Volkswagen y su agarre más sólido que la mordida de un pitbull. 


Yo por mi lado, he sido devastado poco a poco por el mismo arte marcial que escogí como camino. Ningún precio es demasiado alto para pagar por el privilegio de ser uno mismo, dijo Nietzsche. Quiero decir que mi cuerpo ya no se recupera como antes y mis movimientos evidentemente son más lentos que hace veinte años. Técnicamente más refinado que nunca, eso sí. A largo plazo, esto es lo que permite seguir por el camino cuando los atributos físicos se van mermando.

 

Fue en un combate anterior, contra otro alumno avanzado, donde logré introducir uno de mis antebrazos alrededor de su cuello y después de un largo forcejeo, la otra mano cerró la tenaza que eventualmente lo hizo rendirse ante la estrangulación. El desgaste, sin embargo, fue terrible. Me levanté jadeando, tratando de recuperar lo poco de aire que me quedaba.

 

Fue entonces cuando vi a este joven gorila de casi veinte años venir hacia mi. Lo vi crecer y le enseñé todo lo que sabe. Pero en el combate nada de eso importa. Chocamos puños y empezó.


Y así fue como me encontré completamente exhausto, con esta bestia de noventa y cinco kilos de músculo encima mío, tratando de estrangularme. Hice lo posible para girar y proteger el cuello, pero mi cuerpo no respondía. Física y mentalmente estaba siendo derrotado por este joven, este niño al que vi crecer.


Mientras era aplastado y atacado desde varios ángulos, mientras protegía mis brazos y mi cuello, sentí que sonreí levemente. A pesar del tsunami que me pasaba por encima en ese momento, un halo de orgullo empezó a cernirse sobre mí. En esos pocos segundos, pasó por mi cabeza una película de todo el tiempo dedicado por parte de este joven para lograr el nivel de proficiencia actual. Tiempo que invirtió en estudiar el arte en lugar de salir con sus amigos, irse de viaje o tomarse unas copas. Un nivel de disciplina que es difícil de encontrar en esta época.

 

Algún tiempo atrás escribí sobre la ingratitud que acompaña este oficio, donde se entrega todo, en cuerpo y alma, para luego no recibir ni siquiera un “gracias”. Pero me parece una falta de respeto no reconocer a aquellos que se han quedado firmes a mi lado, durante años, por momentos malos y también muy buenos.

 

Y, de cierta manera, es gracias a ese proceso que se han convertido en unas máquinas atléticas, capaces de estrangular hasta la inconsciencia a la mayoría de personas con las que se encuentren en el día a día, pero al mismo tiempo, son las mejores personas que he conocido en mi vida. Gente que se sacaría el pan de la boca para dárselo a otro.


“Vive libre o muere en el intento”. Estas palabras viajaban en la parte de atrás de una vieja Datsun 1200 que vi unos días atrás. Puedo decir que he vivido libre, en paz y con el cariño sincero de la gente cercana. Siempre haciendo caso omiso de los ladridos de uno que otro perro sin importancia.

 

Si los líderes del mundo se embriagan hoy y deciden activar el holocausto nuclear, puedo decir que viví libre — todo lo demás son detalles.

 

ED


 
 
 

Comments


* Las opiniones expresadas en este Blog son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de COHAB Ecuador.

Gracias por Suscribirte!

  • Facebook
  • Twitter
  • YouTube
  • Instagram

© 2023 COHAB JIU JITSU ECUADOR

CONTACTO: +593 997529105

bottom of page